¿Qué son los radicales libres?

Los radicales libres (RL) se encuentran en muchos procesos de la vida: la luz solar genera radicales libres, los motores de combustión funcionan por la presencia de radicales libres, al quemar maderas se producen radicales libres, nuestras células generan radicales libres.

radical libre tomando un electrón de una molécula estable

Los radicales libres presentan uno o más electrones desapareados.

Nuestro organismo produce una controlada cantidad de radicales libres para cumplir con ciertas funciones específicas o como resultado del metabolismo celular normal. El problema surge cuando esta producción se descontrola generando en cantidad excesiva radicales libres que destruyen células, tejidos y órganos.
A los RL se los define como “un átomo o una molécula que presenta uno o más electrones desapareados”. Para entender mejor es ineludible que nos adentremos en algunos conceptos básicos de química.
Podemos empezar con un ejemplo: imagina una molécula formada por un átomo A y un átomo B unidos químicamente entre sí (es decir, compartiendo electrones). Ahora imagina alguna condición extrema como ser temperaturas altas o radiaciones que rompen esta unión, quedando A y B separados. Como resultado de esta separación cada átomo quedará con electrones no pareados, adquiriendo ahora el estatus y nombre de radicales libres. Bajo esta nueva condición, estos RL se tornan inestables y buscarán a toda costa otro electrón para poder parearse. Esta intensa búsqueda los hace extremadamente reactivos. Si el radical libre choca con otra molécula u otro radical y comparte electrones puede formar una molécula estable y diríamos que este es el fin del problema. Ahora bien, el poder destructivo surge cuando el RL choca con una molécula estable y le roba un electrón, logrando estabilizarse a expensas de dicha molécula, la cual se vuelve inestable. Se inicia así una reacción en cadena que daña las moléculas y perpetúa la formación de más radicales libres.

Además de la producción de RL por parte del organismo, existen también factores externos que los generan: antibióticos, medicamentos, quimioterapia, radiaciones solares, contaminación ambiental, etc.
Si, por ejemplo, los radicales libres generados por exposición a la radiación solar no son neutralizados, ejercen una serie de acciones sobre los lípidos, las proteínas, los carbohidratos, las grasas, las membranas celulares y el ADN, cambiando su estructura y función. En la piel, se evidencia por lo que llamamos fotoenvejecimiento.

Cuando esta producción de radicales libres por parte de las células se desequilibra y se torna excesivo se origina un proceso llamado estrés oxidativo. Esto es que los RL libres generados a partir del consumo de oxígeno celular aumentan y el proceso de oxidación se descontrola  ocasionando daño y eventualmente muerte celular. Pero como la naturaleza tiende al equilibrio, te cuento que el organismo también produce antioxidantes que tienen el poder de inactivar a los RL. Sustancias como tocoferol, ácido ascórbico, glutatión, resveratrol y betacarotenos previenen el estrés oxidativo. De todos modos, si las agresiones son fuertes (exposición intensa o reiterada a las radiaciones UV solares), estos mecanismos antioxidantes son desbordados por la producción excesiva de RL, no pudiendo regular este proceso de oxidación.

Algunos cuidados que puedes realizar para evitar la producción excesiva de radicales libres:

  • Usa fotoprotectores para bloquear las radiaciones UVB y UVA para prevenir fotoenvejecimiento, fotosensibilización y cáncer cutáneo
  • Ingiere diariamente frutas, legumbres, verduras y hortalizas o cereales integrales para incorporar antioxidantes naturales a tu organismo
  • Cuida tu piel con productos cosméticos ozonizados ya que estimulan la capacidad defensiva de la piel, eliminando los efectos de la agresividad del medio ambiente
  • Utiliza cosméticos con principios antioxidantes
  • Evita fumar
  • Intenta alejar el estrés de tu vida (te recomiendo meditar, es una excelente técnica para traer calma a tu mente y por tanto a tu vida)

> MÁS INFORMACIÓN: ¿Te cuidas del sol? , RL: los manipuladores de la química , Hacer como el avestruz

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Consejos básicos para el cuidado de la piel

¿Qué tal si vemos los consejos básicos para que tu piel se vea bella y saludable?

  • Limpiar siempre el cutis: por la noche nunca olvides  desmaquillarte cuidadosamente los ojos con alguna loción, crema o aceite específico y para el resto del rostro usa gel, crema, espuma (dependiendo de tu biotipo cutáneo). Si no eres de maquillarte también realiza la limpieza nocturna para remover las impurezas que se han ido acumulando en tu piel durante el día (partículas de polvo, restos de células córneas, sudor, grasitud). No olvides higienizar tu piel por las mañanas antes de colocarte nuevamente las cremas o maquillarte. Los activos penetrarán bien y el maquillaje lucirá mejor.
  • Protección: si quieres salvar a tu piel de la aparición de arrugas y líneas de expresión prematuras, así como también de manchas solares utiliza protectores solares con factor 15 o más. También puedes recurrir a bases de maquillaje con FPS incorporado. Recuerda que los labios también necesitan de tu atención: en el mercado existen buenas opciones de labiales con protección.
  • Aplica cuidadosamente las cremas: para que no contribuyas a la flaccidez de la piel del rostro, no debes estirarla ni traccionarla y los movimientos que realices deben ser siempre hacia arriba.
  • Cuida tus cremas y maquillajes: este es un consejo fundamental para evitar la aparición de gérmenes en tus productos. Cierra bien los envases de tus cremas cuando no los uses y utiliza una espátula en vez de tus dedos para retirar la crema del pote. Te recomiendo no compartir los maquillajes: ciertas infecciones, la conjuntivitis por ejemplo, se pueden transmitir fácilmente cuando compartes un delineador o el pincel de la sombra para ojos. Si usas esponjas o cepillos, lávalos y desinféctalos bien y permite que se sequen bien para que no acumulen hongos y bacterias. Evita hacer mezclas de cremas antes de aplicarlas en tu rostro, puedes alterar la composición del producto y provocarte una reacción alérgica.
  • Elige los productos adecuados para tu piel: es importante un buen diagnóstico para establecer tu biotipo cutáneo (piel seca, piel grasa, piel mixta, piel normal) y así escoger las cremas y maquillajes específicos. A toda edad es adecuado usar un producto hidratante y luego de los 35 años agregar una crema antiedad.
  • Mantén una dieta sana: come mucha fruta y vegetales frescos ya que aportan cantidad de vitaminas que favorecen la regeneración de los tejidos. Consume legumbres, granos, semillas y frutos secos, ellos si una fuente de proteínas y por tanto fundamentales en la estructuración de los tejidos corporales. Bebe abundante agua a lo largo del día. Evita ingerir grandes cantidades de azúcar.
  • Constancia: como todas las cosas en la vida que te propones. Si te interesa cuidar tu piel debes cada día llevar a cabo tu plan de cuidado cosmético. Si es algo que te gusta y que te importa, no lo vivirás como una obligación sino como un disfrute. No olvides que el disfrute es indispensable para la salud y la belleza.
  • Adaptarse y aceptar: adaptarse a los cambios que va teniendo la piel a lo largo de nuestra vida y en consecuencia aceptarlos y desde esta situación positiva cuidarnos. La luz que irradia tu rostro es un equilibrio que se logra con los cuidados externos que realizas y la luz proveniente de tu interior.

> MÁS INFORMACIÓN: ¿Podemos leer nuestra piel? , Máscaras faciales , Peeling facial

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¿Te cuidas del sol?

¿Qué haces…o qué no haces para proteger tu piel del sol? Es posible que muchas veces hayas leído indicaciones y consejos sobre como cuidar la piel de la radiación solar pero, ¿no te has preguntado por qué, a pesar de estar informada, sigues sin tomar los recaudos necesarios?

Si me sitúo exclusivamente en el punto de vista estético puedo enumerar varios beneficios que obtendríamos si nos protegemos del sol. El usar filtro o pantalla solar te mantiene el cutis hidratado, evita la aparición de manchas y arrugas, retarda el deterioro del colágeno y la elastina (fundamentales para dar firmeza al tejido). Pero hoy mi intención es referirme más a la salud que a la belleza de la piel, entendiendo que la belleza sin salud es efímera.
Si repasamos  los textos de Cuidemos la piel 1 y 2 sabemos que el mayor riesgo al que nos exponemos a futuro si no tomamos los recaudos adecuados a la hora de movernos bajo el sol,  es la aparición de cáncer de piel.
Hemos visto que la capa de ozono opera como filtro de las radiaciones solares, así como también sabemos que hay estudios realizados que nos advierten de la reducción de dicha capa y hasta de la aparición de agujeros. Las nubes también absorben la radiación, sólo que en un 20% aproximadamente, lo cual no nos libera de los riesgos de quemaduras inmediatas y otras consecuencias a largo plazo.
También vimos que depende de la perpendicularidad con que caen los rayos solares en la superficie terrestre la intensidad variará.
Leímos sobre fototipos, sobre FPS, sobre el uso correcto de las pantallas, etc, etc…

A partir de aquí es donde surge mi pregunta: ¿Por qué, entonces, a pesar de haber leído algo, o escuchado o experimentado alguna vez en “carne propia” los efectos nocivos de estar bajo el sol sin protección, muchas personas seguimos sin tomar las precauciones necesarias? Vemos que hay gente que no realiza cuidado alguno y otras que lo hacemos a medias (a veces sí, a veces no). Creo que las personas que se cuidan responsablemente pertenecen al grupo de la minoría. Se me ocurre pensar que el problema no es la falta de información sino la toma de conciencia con respecto al tema y el cambio de hábitos.

Al decir toma de conciencia quiero decir que no debemos estar creyendo realmente que podríamos desarrollar el cáncer.  Es como si nos dijéramos que eso   le puede pasar a otros. Y la realidad es, que  hay muestras de sobra para saber que nuestro organismo tiene un límite de tolerancia frente a la radiación y que como desconocemos cuando alcanzaremos ese límite lo mejor sería prevenir. Cuando digo cambio de hábitos me refiero a que tal vez sí hemos adquirido conciencia de los riesgos de exponernos al sol sin protección pero aún no podemos llevar a la acción los cambios necesarios para un nuevo comportamiento.  Por ejemplo: de mañana cuando hacemos nuestra higiene corporal y nos humectamos la piel y aplicamos desodorante y perfumes es necesario incluir la aplicación de pantalla en el rostro y partes del cuerpo que quedarán expuestas. Podemos tener en nuestro bolso o mochila siempre un protector hayamos programado o no una actividad al aire libre. ¡Ni que hablar si vamos a la piscina, a la playa o a pasar un día de campo!

Te invito a reflexionar sobre el tema, mi intención fue solamente plantar un interrogante para que cada uno revise qué puede cambiar para tener una relación más saludable con el Sol. Por mi parte, hace unas semanas incorporé el nuevo hábito de llevar un protector solar en el bolso sin importar si llueve o está soleado.

> MÁS INFORMACIÓN:Consejos básicos para el cuidado de la piel , Células vivas de levadura

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Cuidemos la piel 2 – Protección solar

Febo asoma y una vez más volvemos al mismo tema… que si el sol hace bien, que si el sol hace mal… Creo que todos podríamos coincidir con que las dos afirmaciones encierran una verdad: el Sol no es bueno ni malo en sí mismo.  La idea de la nota de hoy es acercarte información para evaluar cuándo tomar Sol nos es de beneficio y cuándo no. Para ello es fundamental  conocer el objeto con el que vamos a interactuar. Así que primero te sugiero repases conmigo algunas cualidades del Astro Rey. sol1

El Sol es beneficioso para estimular la síntesis de vitamina D, la cual fortalece el sistema óseo, también  favorece la circulación sanguínea y tiene efectos importantes en el estado de ánimo (realizar actividades bajo el Sol suele ponermos de buen humor).

 

Las radiaciones que emite el Sol se clasifican en:

ultravioletas:

UVC: son las más energéticas. No llegan a la superficie de la Tierra porque las absorbe la capa de ozono (no olvidemos que la capa de ozono se está afinando progresivamente y en algunos sitios ya sabemos de la existencia de agujeros).
UVB: penetran a nivel epidérmico y provocan eritema y bronceado de la piel.
UVA : llegan a niveles profundos de la dermis. Provocan pigmentación inmediata. Son las responsables del envejecimiento de la piel y del carcinoma o melanoma.

visibles: de efecto luminoso. Penetran hasta la hipodermis (tejido adiposo).

* infrarrojas: de efecto calorífico. Dan sensación de calor pero no queman. Penetran hasta la hipodermis.

También ten en cuenta estos datos a la hora de exponerte al Sol : cuanto más alto te encuentres (por ejemplo en la montaña) mayor es la intensidad solar; al mediodía los rayos caen perpendiculares con respecto a la superficie terrestre, con lo cual son más intensos, en consecuencia se desaconseja estar bajo el Sol a esa hora; según la estación del año la oblicuidad de los rayos varía ( en verano caen perpendiculares y son más intensos); las nubes y la humedad absorben parte las radiaciones; la reflexión de los rayos solares varía según la superficie (nieve 85%, arena seca 17%, agua 5%, hierba 3%, asfalto 2% ).

Existe otro dato: el UV. Es un índice  mundial de estimación del promedio de la radiación ultravioleta (UV)  máxima en la superficie de la Tierra. Te paso los índices: exposición baja (entre 0-2) /  exposición moderada (entre 3-5) /  exposición alta (entre 6-7) /  exposición muy alta(8-10) / exposición extrema (11 en adeltante).

Si estás en España, puedes averiguar el índice UV que corresponde a tu región en la Agencia Estatal de Meteorología:

http://www.aemet.es/es/eltiempo/prediccion/provincias

Hasta aquí te hablé del sol, ahora volvamos la mirada hacia nosotros…

Cada piel tiene una capacidad de respuesta a una misma radiación solar. Ello está definido genéticamente por el fototipo. Fíjate en esta clasificación a ver si te encuentras:
Fototipo 1: personas de piel muy plálida, con pecas, pelirrojos, albinos, ojos claros. Eritema (rojez) intenso, no se broncean.
Fototipo 2: personas de piel blanca, sensible y delicada, cabellos rubios o claros. Eritema intenso, apenas se broncean.
Fototipo 3: personas de piel blanca (intermedia), cabellos y ojos castaños. Eritema moderado, bronceado moderado.
Fototipo 4: personas de piel morena, cabellos y ojos oscuros. Eritema ligero, bronceado fácil e intenso.
Fototipo 5: personas de piel negra, cabellos y ojos oscuros. Sin eritema y bronceado intenso.

Sabiendo un poco más sobre nuestra piel, intentemos ahora elegir el Factor de Protección Solar (FPS) adecuado. Este es un número que indica el tiempo que una persona puede estar expuesta al sol sin sufrir quemaduras. Es decir: un FPS 8 te permite exponerte al sol 8 veces más del tiempo que lo harías sin protección. El FPS 15 te permite estar 15 veces más al sol y así con cualquier factor que elijas.
El FPS adecuado para tu piel se averigua haciendo un cálculo sencillo: supón que puedes estar bajo el sol sin protección por 10 minutos hasta que tu piel se enrojece. Escoge un número de FPS, por ejemplo 8. Ahora multiplica los datos que tienes: 10×8, el resultado es 80, lo que te indica que puedes estar 80 minutos al sol sin riesgo a sufrir quemaduras.

Por último y no menos importante es saber  la utilización correcta del filtro solar:

  • Empieza  actuar media hora después de haber sido colocados y se renueva cada dos horas. Si sudas mucho o  te has metido al agua debes renovarlo inmediatamente después de salir sin importar cuándo fue la última vez que te lo pusiste.
  • Aunque estés bajo una sombrilla debes usar filtro solar (recuerda cuando te hablé de la reflexión de los rayos solares).
  • Cuando compres un filtro solar asegúrate que en el envase esté escrito que te protege de las radiaciones UVA (son las más peligrosas).

IMPORTANTE:  los ojos también absorben las radiaciones solares, por  ello  debemos acostumbrarnos a usar gafas con cristales que las filtren.

Espero que toda esta información te sea de utilidad y la puedas aplicar.

> MÁS INFORMACIÓN:¿Qué son los radicales libres? , Exámen de la piel , Hidratación cutánea

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Cuidemos la piel 1 – Cáncer

A un mes de la llegada del verano me es imposible no hablar del uso de protección solar y del cáncer de piel, aunque considero que estos temas son para tocar en cualquier momento, ya que el sol está presente (¡menosmal!) los 365 días del año. Además, este blog nace en vísperas estivales. Por ello fue que  elegí escribir sobre el cáncer de piel en el artículo presente.

Melanocitos normales (arriba) en comparación con los senescentes melanocitos con mutaciones causantes de cáncer (en la parte inferior). Fotografía: María S. Soengas, Ph.D., Escuela de Medicina de UM

Melanocitos normales (arriba) en comparación con los senescentes melanocitos con mutaciones causantes de cáncer (en la parte inferior). Fotografía: María S. Soengas, Ph.D., Escuela de Medicina de UM

Para empezar les cuento que la epidermis es la capa más externa de nuestra piel y está compuesta principalmente por células llamadas queratinocitos. En su estrato más porfundo se encuentran las células basales (son células madre) que por división celular van ascendiendo y sufriendo transformaciones hasta llegar a la superficie donde descaman. Aquí estaríamos hablando de corneocitos o células escamosas. Los melanocitos también están presentes en la epidermis. Son células encargadas de producir melanina, pigmento natural de la piel (cuando la piel está expuesta al sol, los melanocitos producen más pigmento y en consecuencia la piel se oscurece. El bronceado es la respuesta natural del organismo frente a las radiaciones ultravioletas).

Teniendo presente estos datos paso a hablarte del cáncer de piel. Lo podemos definir como una afección por la cual se forman células malignas en los tejidos de la piel. Tiene su inicio en la epidermis y los hay de diversos tipos. Una primera clasificación sería: cáncer de piel sin melanoma y con melanoma. Los tipos más comunes son los sin melanomas: el carcinoma de células basales y el carcinoma de células escamosas. También existe la queratosis actínica que es un trastorno de la piel que algunas veces se convierte en carcinoma de células escamosas. El melanoma es el otro tipo de cáncer, que es menos frecuente. Se inicia en los melanocitos y es el más agresivo ya que puede diseminarse a otras partes del cuerpo a través de los sistemas linfático y circulatorio.

Nuestra piel, como órgano vivo que es, experimenta cambios constantemente. Es necesario que aprendamos a observarla no sólo para descubrir que tenemos una nueva arruga o un pocito más de celulitis, sino para estar atentos a su salud. Si conoces tu piel te será fácil detectar hasta los cambios más pequeños. Este examen propio no excluye la consulta a un médico dermatólogo para que pueda darte el diagnóstico del estado de tu piel.

¿Qué observar? Por ejemplo tus lunares: si cambian de forma, de tamaño o color. Detecta si tienes alguna mancha nueva: cómo es su relieve o su textura, si sangra, si cicatriza o no. Palpa la piel para conocer su superficie, si ha surgido algún nódulo. Incluye en tu examen los labios, la orejas, los ojos.

Recuerda: no todos los cambios que vemos en la piel son signos de cáncer.

> MÁS INFORMACIÓN:¿Qué son los radicales libres?¿Te cuidas del sol? , Instituto Nacional del Cáncer

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